Los dilemas y tribulaciones de estar (felizmente) casada con un gringo

Ya llevo 25 años casada con mi gringo y lo adoro. Compartimos los mismos valores y creencias, especialmente cuando se trata de la crianza de nuestros hijos. Pero cuando mi familia de Chile viene de visita, me doy cuenta lo diferente que son él y su familia cuando tiene que ver con cultura, ciertas actitudes y tradiciones

También me doy cuenta que aunque he vivido casi toda mi vida en este país, todavía mi herencia latinoamericana domina. Me siento muy afortunada de ser bilingüe y bicultural; de poder navegar entre mis dos culturas y de poder crear un nuevo sistema de valoras que incorpora un poco de mis dos mundos. Pero a veces el conflicto entre mi lado "latino" y el "americano" me llena de estrés.

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Cuando se juntan las dos familias, tengo que convertirme en una intérprete cultural, traductora y embajadora. Y siento que tengo que justificar cada lado. "¿Qué le pasa?", mis padres me preguntan cada vez que se quedan con nosotros. "¿Está enojado?" "¡No, Mami, es así! Lo que pasa es que mi gringo es 'seco' pero es un muy buen esposo y padre". 

Mi esposo Michael es callado, en contraste dramático a mi personalidad y la de mi familia que es típica latina – ruidosa y energética. "¿Por qué tienen que siempre estar discutiendo? ¡No podemos relajarnos por un minuto!" "¿Por qué tiene que ser todo una celebración?" "¿Por qué tenemos que estar comiendo constantemente?", dice mi esposo cada vez que visitan. "No están discutiendo. Así es como se comunican," le explico. 

Por lo general discutimos cuando vienen porque tengo que defender a mi familia. "Bueno por lo menos tienen pasión, son expresivos y me divierto cuando vienen", le digo y tengo que seguir porque por supuesto no puedo dejar la conversación así. "Por lo menos mi familia no necesita una invitación formal para venir a visitarnos". Y me pongo cada más pesada e hiriente. 

Aquí es cuando sale mi lado americano a calmarme. Muchos dicen que mi esposo es un santo para poder aguantar las visitas constantes de sus suegros, la estadía de seis meses de la hija de mi prima, mis hermanas, el hijo de mi tío postizo… Y yo me enfado con él y hasta lo regaño. ¡Pobrecito mi gringo!

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