¿Está Alejandro Sanz casado con una marciana?

Reto a cualquier mujer a que diga que durante su infancia nunca soñó con casarse, que jamás suspiró viéndose a sí misma vestida de blanco y caminando hacia el altar. No soy una experta, pero sé que el matrimonio –al menos para la mujer latina- sigue teniendo un significado importante. Si sazonamos esto con el hecho de "saber escoger", es decir, casarnos con eso que definían nuestras abuelas como un "buen partido": un hombre próspero, talentoso y famoso, se supone que el éxito de una mujer sería total, que anotaríamos tremendo golazo.

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Así que, cualquiera podría imaginarse que para las esposas de los famosos la vida es coser y cantar, que ellas se dedican a adornar como un florero la mesa familiar. Pero eso no es verdad, al menos no en la mayoría de los casos. Preguntémosle a Raquel Perera si encaja en el estereotipo de "esposas floreros". Seguramente se carcajeará en nuestra cara. Si bien es cierto que el nombre de su esposo Alejandro Sanz es conocido hasta debajo de las piedras, esta española es una mujer de armas tomar que se ha forjado un camino propio, sin necesidad de colgarse de la fama de nadie, especialmente del multipremiado cantautor, quien por cierto está lanzando hoy su nuevo disco "La música no se toca", cuyo sencillo "Se vende", ya se ha posicionado en el primer lugar de las listas musicales.

La historia de amor entre Raquel Perera y Alejandro Sanz, nació nada más y nada menos que en el ámbito laboral. Se conocieron trabajando. En la cotidianidad se fueron dando cuenta de que Cupido los rondaba con su flecha y se dejaron atrapar por él.  Como cualquier mujer, Raquel dispara con una simpatía inequívoca que con Alejandro "básicamente  tengo una relación basada en el amor". Esta respuesta parece sencilla, pero en realidad no lo es. Llevar varios años junto a alguien y seguir pensando que el vínculo que más te ata a esa persona es el amor y no los hijos, la comodidad o la costumbre, es un logro. 

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Madrileña de pura cepa es la hermana del medio, de tres hermanos, hecho que como ella dice la convirtió en "la mediadora natural de la familia".  Y que quizás sin darse cuenta la fue acercando a una de sus pasiones: la psicología, carrera que estudió en la Universidad Complutense de Madrid, pero que no ejerció de manera tradicional, "porque la psicología es una consecuencia de mí, no yo de la psicología. Sin embargo, esta carrera se aplica a cualquier ámbito profesional, si vas a trabajar con público o si vas a trabajar con un equipo de trabajo, necesitas manejar mucho la parte psicológica".

En lo que sí se involucró fue en el mercadeo y las comunicaciones. Hizo relaciones públicas para industrias tan disímiles como la Fórmula 1 y la música, donde llegó a ser jefa de producto. Por cierto, uno de ésos  era  un "producto español" con una muy alta calidad de exportación llamado Alejandro Sanz, con quien se casó hace algunos meses, tras varios años de relación y un hijo.

"De Alejandro no tengo más que cosas buenas qué decir" y, aparentemente el cantautor piensa lo mismo de ella, pues al parecer algunas canciones de su disco más reciente "La música no se toca", como "Mi marciana" podrían reflejar el buen momento por el que pasa su matrimonio.

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Y hoy mientras su esposo está una vez  más bajo los reflectores de los escenarios y con la agenda llena de encuentros promocionales, ella sigue dirigiendo su empresa Paraíso Venus, ayudando a las mujeres como tú y como yo a que se cuiden la piel con la línea de productos franceses Matriskin, además de dedicarse a la crianza de su bebé y a buscar libros que la entretengan porque es una lectora consumada de filosofía, poesía e historia. 

Imagen vía Rondene PR

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