¿De verdad estamos preparados para que los homosexuales expresen públicamente su amor?

Verlos abrazaditos y agarraditos de la mano es la primera imagen que me recibe en el autobús número 156, que va de Nueva York a Nueva Jersey. Uno debe tener como veintidós años y el otro no más de dieciocho. Son jovencitos y parecen estudiantes universitarios. Están sentados en los primeros asientos del autobús y, por una cuestión de espacio estoy sentada al lado de ellos.

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Mis ojos casi ocupan el mismo asiento que ellos. Sí, lo confieso. No puedo dejar de mirarlos. Es más, hasta se me corta un poco la respiración, con sus caricias constantes. Veo como el mayor desliza su mano por el hombro, la sube y la baja desde el hombro hasta el antebrazo, para seguir del muslo a la rodilla, del más jovencito. Ellos están tan enamorados como lo está cualquiera parejita de su  edad. La diferencia es que ellos son homosexuales y su amor, expresado abiertamente incomóda a los ojos golosos del resto de los pasajeros que no dejamos de verlos.

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La guinda sobre el pastel, fue un beso escurridizo que el mayorcito le robó o le regaló al menor. Hecho que provocó que un señor como de unos setenta años sentado frente a nosotros dijera molesto: "Oye, puedes dejar de hacer esa cochinada. ¡Hay niños en este autobús!".

-¿Qué cochinada?", replicó el muchacho. Me di cuenta que el menor habla español.

-Tranquilo, tranquilo. No le hagan caso. Muchachos por favor, vamos a llevar la fiesta en paz", le dije en tono conciliador.

Esto ocurrió hace días, al subirme en el autobús, venía de escribir sobre el apoyo a los matrimonios homosexuales por parte del presidente Barack Obama. Hasta lo comenté con mis compañeros de viaje. Aplaudí de pie, la actitud del también candidato presidencial. Pero ver a esta parejita de jóvenes homosexuales, sentados al lado mío, propiciándose las caricias y los besos públicamente -que probablemente no me hubiesen inquietado si fuse una parejita heterosexual- me hizo reflexionar. Durante el fin de semana estuve conversando sobre el tema, pensando qué tan sinceros somos al brindar nuestro apoyo abiertamente a los matrimonios homosexuales. ¿De verdad estamos listos para asumir la igualdad de derechos que tanto cacareamos? Pues, con el corazón en la mano, te confieso que todavía me afecta un poco ver a las parejas hmosexuales haciendo vida de pareja en público, pero a pesar de eso, sigo apoyándolos y diciéndome a mí misma que tendré que echarme colirio o ventilar un poco más mi cabeza para que mis pensamientos no se  cierren y mis ojos no se asusten, pero definitivamente ellos tienen tanto derecho como yo a casarse, vivir en pareja y ser felices. ¿Qué opinas tú de este asunto? Déjame tu comentario, por favor.

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Imagen vía Krosbow/Flickr