Voy a celebrar San Valentín con mi esposo… y con mis hijos

¿Qué me gustaría hacer el Día de San Valentín? Pues pasar un par de días románticos en Venecia. Salir a pasear durante el día por sus callecitas intrincadas, tomar fotografías. No tener apuro en llegar a ninguna parte,  disfrutar de la ciudad al máximo y culminar el día en un pequeño restaurante a la luz de la luna.

De no ser eso, me encantaría estar en un hotel en el Caribe, bronceándome todo el día, disfrutando el paisaje y con mi marido tumbado al lado mío, saboreando algunos cócteles y viendo caer el atardecer.

Pero la realidad es que ninguno de los dos escenarios serán una realidad. Al igual que todos los días, éste San Valentín tengo que trabajar.

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Debo despertarme muy temprano para arreglar a los niños, preparar sus meriendas escolares. Salir corriendo para dejarlos en la escuela y en la guardería, después tomar el autobús para llegar a tiempo a la oficina y enfrentar mi jornada cotidiana de ocho horas o más. Para después, salir corriendo una vez más, recoger a los niños, revisar la tarea del mayor, preparar la cena, bañarlos, meterlos en la cama, leerles un cuento y dormirlos. Ya para ese momento serán más de las nueve de la noche y estaré agotada.

Mi experiencia en los últimos tres años es que los precios en los restaurantes durante el Día de San Valentín, suben. Algunos establecimientos hasta crean unos paquetes especiales. Como ni mi esposo, ni yo hemos tenido la precaución de hacer reservaciones, recuerdo un año que hicimos un periplo por varios restaurantes porque todos estaban llenos y, terminamos cenando en un restaurant italiano, cuya  vieja alfombra olía a húmedo y nos amargó la noche.

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¡Ah!, me falta un detallito. Quizás a ti te pasa lo mismo: para tener una cena romántica con tu esposo, tienes que contratar una niñera, así que debes sumarle el monto de sus servicios a tu salida a comer ¿o me equivoco?  De paso, no sé cómo será en tu caso, pero en el mío, debes avisarle a la niñera que necesitarás su ayuda con mucha antelación, porque la demanda para ese día es grande.

Por todas estas razones, tomé la decisión de que me voy a quedar en casa y voy a celebrar San Valentín, con mis hijos y mi esposo, a manera de combo familiar. Voy a incentivar a los niños a que nos hagan tarjetas a nosotros, a sus abuelas, tíos y primos para enviárselas a Venezuela. Además, trataré de buscar una de esas recetas que se preparan en 30 minutos, pero que son ricas. De tal manera que a la misma de todos los días, los niños estén en la cama y nosotros no estemos estresados tratando de forzar una celebración. ¿Total el hecho de que celebremos nuestro propio Día de los Enamorados otro día no significa que nos queremos menos como pareja? ¿Qué opinas tú? ¡Epa! Se me olvidó decirte que lo que si haré es enfriar una botellita de vino espumante que me encanta, para tomárnosla… viendo televisión.


Imagen vía cproppe/flickr