Bajo la sombrilla de Martin Luther King Jr.

Sin duda alguna Martin Luther King Jr., cuyo centenario celebramos hoy, es un ícono de perseverancia, de lucha no violenta, de tenacidad y de entrega. Casi cincuenta años después de que pronunciara su transcendental y conmovedor discurso “Hoy tengo un sueño”, en Washington D.C, sus palabras siguen teniendo fuerza y vigencia.

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Él reclamaba los derechos de la comunidad afroamericana. Pedía a gritos que cesara la segregación y la discriminación contra sus “hermanos”. Los deseos de éste activista social se han cumplido, quizás no en su totalidad, pero si en un alto porcentaje. Estados Unidos, es comumente reconocido como una tierra de oportunidades, como la locación perfecta para que cada cual pueda materializar su “Sueño americano”. Aunque las luchas sociales hoy son otras. Algunas de ellas, las protagonizamos los latinos. Como una latina que emigró a Estados Unidos siendo una adulta conozco bien las dificultades y viscisitudes que enfrentan los inmigrantes latinos. En mi caso, tuve la fortuna de no padecer las dificultades que enfrentan los inmigrantes indocumentados. Sobre este tema, he presenciado las discusiones más disímiles en los años que llevo aquí. He escuchado personas que responsabilizan a los Estados Unidos y a otras potencias por las condiciones de pobreza en la que se vive en los países llamados del Tercer Mundo o en vías de desarrollo, debido a las políticas económicas impulsadas desde los países desarrollados, propiciando de alguna manera la inmigración.

Las razones por las cuales una persona deja su país son muy personales. Cada cual sabe cuál es su propia historia. Lo cierto es que como latina que reside en los Estados Unidos, tengo un sueño: el de vernos a los latinos arropados con la misma cobija, sin fijarnos en el color de nuestra piel y en nuestro estatus socioeconómico. Quzás muchas personas no lo saben o no lo reconocen, pero entre los mismos latinos nos discriminamos.

Recuerdo una vez que estaba haciendo un reportaje sobre la vida de los latinos  residenciados en Estados Unidos para una revista neoyorquina. Entrevisté a una muchacha que estudiaba en NYU. El encuentro fue en un café del East Village, donde los chicos que trabajan en la cocina eran sus compatriotas. Yo estaba recién llegada y buscaba en cada rostro hispano un amigo. Mientras esperaba a ésta chica estuve hablando con los muchachos de la cafetería, un rato más tarde cuando intenté presentárselos a ella, la chica sonrió amablemente y, luego en privado me dijo: ¡tienes que tener cuidado con esta gente, porque les das un dedo y se agarran toda la mano!. También recuerdo a una señora tan morena como yo, quien preguntó en un negocio de comida rápida en Harlem, si todos los meseros eran así (es decir de piel oscura). Adónde voy con estas palabras es que entre los mismos latinos establecemos barreras, nos segregamos.

Muchos de nosotros encasillamos dentro de estereotipos a nuestra propia gente: que si los caribeños son gritones, que si los de tal sitio son ladinos, que si los otros son tal cosa. ¡Hasta cuándo señores! ¿Cuándo será el día en que dejemos de clasificarnos por el color de nuestra piel o nuestra estatura? Hoy tengo el sueño de que los latinos unamos de corazón los colores de nuestras banderas. Tengo el sueño de que los políticos no penalicen a nuestros jóvenes estudiantes por su condición de indocumentados y aprueben el Dream Act. Tengo el sueño de que algunas empresas y campañas publicitarias nos vean como algo más allá que un segmento de mercado al cual hay que conquistar y, nos respeten como una comunidad activa y productiva de la sociedad estadounidense. Tengo el sueño de que los políticos no nos busquen y tomen en cuenta solamente en época electoral, cuando necesitan nuestro voto y salen a saludarnos en un mal español. Tengo el sueño de que el estereotipo de la mujer latina como una máquina de sensualidad se desmitifique y que entiendan que además de tener curvas, tenemos cerebros que piensan y manos que trabajan. Hoy tengo el sueño de que nuestros hijos se vean en el espejo y se sientan orgullosos de nuestro mestizaje, de su herencia hispana y de sus raíces multicolores. Hoy tengo el sueño de que sigamos los pasos andados por el indomable espíritu de lucha de Martin Luther King Jr.

Imagen vía Mike Licht, Notions Capital.com/Flickr

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