Obama apoya el "Dream Act"

Antes que nada debo reconocer que el presidente tocó anoche todos los temas que nos importan.

Habló de dar independencia a las escuelas y distritos escolares para mejorar la educación, de reducir el costo de las universidades, eliminar los enredos burocráticos que afectan a las pequeñas y medianas empresas, anunció medidas ambientalistas interesantes y regañó a la banca, los empresarios y el Congreso por obstaculizar la recuperación económica del país.

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Nos recordó, sin muchas sutilezas que cumplió con promesas de campaña como acabar con Osama Bin Laden, terminar la guerra en Irak y debilitar a Al Qaeda. Atacó las prácticas de comercio desleal de China.

En fin, fue un buen discurso, con la fuerza y el optimismo que le hicieron tan atractivo hace cuatro años. Nada de autocrítica y cierto tono ya de campaña electoral, pero hubo dos temas que a mí como mamá latina me llamaron mucho la atención y hasta me arrugaron el corazón.

 “Recordemos que en este país cientos de miles de estudiantes talentosos y trabajadores afrontan otro desafío: El hecho de que aún no son ciudadanos estadounidenses. Muchos fueron traídos para acá cuando eran pequeños, son estadounidenses por todos los costados y a pesar de eso viven constantemente con el miedo de ser deportados”, dijo el presidente, refiriéndose a la fallida “Dream Act”.

Esta ley hubiese aplicado a los inmigrantes ilegales que vinieron a Estados Unidos antes de la edad de 16 años, que han vivido en el país por al menos cinco años. Y fue aprobada en la cámara de representantes, pero no el Senado. Se calcula que en un lapso de 10 años, se habrían beneficiado 1,2 millones de personas.

A mí me ha tocado conocer a muchos de estos niños y jóvenes. Sé cómo desde pequeños saben que su vida puede cambiar en un instante. Viven con miedo de la policía, sus padres no conocen a las maestras y dan a las escuelas direcciones y números de teléfonos falsos porque temen que los denuncien. Saben que el sueño de la universidad es prohibido. Yo como madre le agradezco que haya vuelto a insistir en el tema.

Por otra parte, me imagino a Obama y sus asesores para el discurso buscando una metáfora inteligente para llamar a la unidad nacional. Creo que nunca se hubiesen imaginado como para los latinos la referencia a las fuerzas armadas, un recordatorio de una de las cosas que más admiramos de este país: su vocación inequívocamente democrática.

Obama escogió usar a los militares como ejemplo de trabajo de equipo, respeto, compromiso con el país y generosidad. Cuántas de nosotras, o nuestros padres, hemos venido a Estados Unidos escapando de las consecuencias de fuerzas armadas que no cumplen con su función, ya sea por exceso con dictaduras, o por ineficacia en conflictos con guerrillas y hasta delincuencia desatada.

En pocas palabras, el discurso estuvo excelente y sus dotes de orador impecables, como siempre. Podremos o no estar de acuerdo con sus políticas -eso para mí es arena de otro costal- pero el presidente se acordó de los más vulnerables de nuestros niños, esos sin derechos, y alabó la entrega y vocación democrática de nuestros militares: ¡Gracias!

Imagen vía The White House/flickr