Muere disidente cubano que estaba en huelga de hambre

Hay países en donde la única manera de vivir es estando a favor del gobierno o en su contra. Hay mandatarios que creen que su pueblo es un amasijo de piel y sangre, sin cerebro y sin voz ¡y pobre de aquél que se le ocurra recordar que la boca sirve para hablar y la cabeza para algo más que tener cabello!

Se trata en este caso de la muerte del disidente cubano Wilmar Villar Mendoza, tras una huelga de hambre a la que se autocondenó tras ser sentenciado el pasado mes de noviembre por delitos como desacato a la autoridad, por el único crimen de haber participado en una marcha, organizada por la Unión Patriótica.

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Este hombre salió a la calle con una pancarta a decir lo que pensaba y eso lo condenó a muerte. Me escucharán repetir una y cien mil veces que con el poder iletrado no hay diálogo, solo obendientes monosílabos.

No quiero entrar en discusiones filosóficas, sociológicas, ni morales sobre los pro  - si es que los tiene-  y los contra de la Revolución cubana, pero reto a cualquier político o académico a que me explique cómo algunos se atreven a llamar al régimen castrista democrático.

Castro y sus secuaces le tienen miedo a las palabras de disidencia, a la confrontación que nace desde la instrucción. Una vez, en un magnífico curso que ofreció el inmortal Tomás Eloy Martínez en Buenos Aires, el intelectual nos decía que Latinoamérica es un continente donde no le preguntamos a los políticos y dirigentes sobre los últimos libros que han escrito en los últimos años porque a duras penas, la mayoría de ellos ha leído alguno.

Traducir las palabras en imágenes y las imágenes en acciones, es una acción que el poderoso inefable no acepta, no entiende y combate de la única manera que sabe hacerlo: pisando, acallando y aniquilando al enemigo. La lectura y la protesta nutren los sueños y, los sueños nutren la vida, pero cómo explicárselo a esbirros y torturadores.

La muerte de Villar Mendoza, fue confirmada por la bloguera cubana Yoani Sánchez, quien detalladamente narró, cómo se fue deteriorando la salud de este joven de 31 años, que dejó dos niñas huérfanas. Él interrumpió la huelga de hambre a mediados de diciembre cuando las autoridades carcelarias cubanas dijeron que revisarían su caso, cosa que obviamente no hicieron. Eso de cumplir con la palabra empeñada no es precisamente una característica de los dictadores, a menos de que sea para cometer cualquier tipo de acción que vaya en detrimento de la condición humana.

Sí, es verdad que la dictadura Castro está en pie todavía, pero no de guerra. Él y su régimen son un fósil en hilachas, y sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Al viejo barbudo se le están abriendo rendijas y resquicios que la censura no alcanza  a tapar. La sociedad cubana ha venido absorbiendo nuevas ideas, corrientes de pensamiento, valores y formas artísticas que seguirán estando prohibidos por subversivos, pero que han venido dando sus frutos. Aquello de que matan a los hombres, pero no a las ideas es una verdad absoluta y rotunda que jamás debemos olvidar.

 Imagen vía YouTube