Descubren a banda mexicana que traficaba niños a Irlanda

Que si la maternidad es una de las mejores cosas del mundo, si me preguntan a mí la respuesta es SI, así en mayúsculas. A pesar de los trasnochos, los dolores de cabeza, las mortificaciones y de que nuestras vidas ya no se conjugan en singular y dejamos de ser “Yo” para ser “Nosotros”, cada día valoro más el que mis hijos hayan llegado a mi vida.

Entiendo además, lo difícil que debe ser no poder tener hijos. De hecho, he vivido de cerca la desesperación de dos muy buenas amigas, quienes tienen todo en la vida menos hijos, lo cual las ha llevado a un carrusel emocional que va desde la depresión hasta el desconsuelo. Antes de que vayan a empezar a criticarme: estoy hablando de las personas que quieren tener hijos, porque optar por no hacerlo también es válido y respetable.

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Esa desesperación en la que podemos caer por el deseo de experimentar la maternidad puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas y a caer en situaciones que inclusive pueden incurrir en la ilegalidad. Esta mañana leía que las autoridades mexicanas, al parecer dieron con una banda en Jalisco, que se dedicaba al tráfico infantil. Los vendían en Irlanda.

Se dice que han sido rescatados diez niños entre dos meses y dos años de edad, que se encuentran bajo el resguardo de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco. De acuerdo al procurador del estado, Tomás Coronado Olmos, hasta ahora han abierto una investigación a nueve personas, quienes al parecer,  convencían a las madres de “vender” al bebé, las cuidaban durante el embarazo y el parto y, una vez que habían dado a luz negociaban las criaturas a los padres adoptivos, quienes aparentemente se comprometían a pagar unos $90 dólares semanales, además de otros gastos como alimentación y medicinas, durante el embarazo de las mujeres a quienes comprarían el niño.

No importa cuál es la postura moral que tengamos sobre este tema. Pueden surgirnos preguntas que van desde ¿cómo alguien puede vender su propio bebé?, hasta ¿cómo alguien puede comprar un niño como quien compra un par de zapatos? No soy socióloga, antropóloga ni psicóloga, pero creo que en ambos extremos de esta cuerda hay una pista clave: desesperación.  A lo mejor a las madres las mueve el hambre y a los compradores el deseo de tener un hijo. No lo sé.

A quienes si no les encuentro justificación es a los intermediarios, a los traficantes. A estas personas las mueve la ambición. Juegan con las necesidades de madres y padres adoptivos, juegan con las vidas de todos y les ponen precio a las necesidades económicas o emocionales. Condeno todo lo que signifique traficar. Un poeta venezolano llamado Andrés Eloy Blanco dijo una vez que: “quien tiene un hijo, tiene todos los hijos del mundo”, lo cual para mí es totalmente cierto, pero hay algunos seres –porque la verdad que no sé si merecen llamarse personas- que olvidan esto y optan por traficar con los sueños ajenos.

¿Qué piensas del tráfico infantil?

Imagen vía Bronski Beat/flickr