Desde hacía tres semanas se habían agotado las entradas para el concierto del sábado en la Arena de Monterrey. Más de 18.000 personas pasaron el día energizadas, felices de que iban a tener la "¡Experiencia Jenni Rivera!", como ella misma la llamaba. 

La Diva de la Banda y su equipo, el publicista Arturo Rivera, el abogado Mario Macías, el peluquero Jorge Sánchez, el maquillador Jacob Yevale y dos pilotos, se subieron al Lear Jet a eso del mediodía desde las afueras de la Ciudad de México. Estaban todos felices, aun presumiendo por las redes sociales del privilegio de viajar en avión privado.

En la Sultana del Norte, la Diva de la Banda no desilusionó, aunque parte de su corazón estaba en Las Vegas, donde se casaba una prima querida y estaba el resto de su familia, incluyendo el pequeño Johnny,  con la excepción de su hermano Lupillo que por trabajo debió ir a Carolina del Norte.

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Como siempre, Jacob y Jorge le dieron los toques finales. Se comunicó con el niño por mensaje de texto y salió a cantar.

La noche fue mágica. Al menos tres cambios de vestuario. La arena estaba a reventar. En un momento, Jenni pidió silencio. La iluminó un foco solitario. Miró hacia arriba. Se secó una lágrima. El instante pasó y la fiesta volvió a llenarse de alegría. En el escenario le entregaron cuatro discos de oro y platino por sus ventas de discos.

Es fácil darle significado a cosas después de una tragedia. El escenario diseñado por la gente de Jenni tenía forma de cruz. Una idea totalmente novedosa, que buscaba incrementar al máximo la capacidad de la arena. Hay fotos que nos hacen sentir que quizá ese diseño fue inspirado por una fuerza mayor. ¿Quién lo sabe?

Jenni lloró mucho al finalizar su concierto cuando dio interpretó el tema Paloma Negra. El periodista y amigo Javier Estrella le mandó un texto, preguntándole si estaba bien. La respuesta de Jenni fue: "Tengo paz en mi corazón. Te lo prometo que estoy bien". Pero estaba conmovida y cansada. Los conciertos de todos los fines de semana, más las presentaciones de los domingos en la noche en La Voz le estaban pesando. Durante la semana era primero mamá, después empresaria. Luego estrella del reality. Su corazón aún pesado por el divorcio traumático de Esteban Loaiza, su tercer gran fracaso matrimonial.

La Diva era una mujer que siempre dejaba el alma en el escenario. "No me merezco tanto amor", le comentaba a menudo a su madre Doña Rosa Rivera, sorprendida una y otra vez por la gran devoción de sus fanáticos. Sin embargo, agradecida por ese cariño aceptó dar una rueda de prensa espontánea.

"Me siento bendecida, soy una mujer muy afortunada…muchas veces no puedo creer las cosas…que suceden en mi vida", dijo la cantante en sus últimas declaraciones. Después recibió a algunos afortunados fanáticos. Una charla, muchas fotos, abrazos. Tiempo dedicado a hacer feliz a sus admiradores.

Los promotores de su concierto le ofrecieron una suite en uno de los mejores hoteles de Monterrey, pero Jenni prefirió partir. Tenía lógica. Era mejor llegar a la capital mexicana durante la madrugada y dormir allí unas horas, que quedarse en la ciudad norteña y correr en la mañana. Temprano tenía ensayos con Paulina Rubio con quien cantaría en dueto esa noche en el reality  La Voz de México.

A eso de las dos de la mañana salieron hacia el aeropuerto internacional donde les esperaban los dos pilotos de la nave, Miguel Pérez y Alejandro Torres.  En el camino pararon en una tiendita para comprar algunas cosas. Eran eso de las dos y media de la madrugada. Primero se bajaron los hombres, la dependienta los atendió. Luego entró Jenni, quien sonrió al ser reconocida.

Poco después llegaron al aeropuerto. Alejandro se tomó una foto con la Diva. Impresionado se la mandó a su mamá por el celular. Jenni debe haber estado texteando con sus seres queridos. A las 3:05 am le escribió a José Manuel Figueroa, el hijo mayor de Joan Sebastian: "hola". Luego le contó que se estaba subiendo al avión.

Minutos después del despegue, el avión desapareció de los radares de la Torre de Control. 

Llegando a Monterrey 1

Llegando a Monterrey

Imagen vía Arturo Rivera/Twitter

En ese avión llegaron y en ese avión se fueron y murieron. La sorpresa era el dueto con Paulina Rubio.

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El viernes anunciando el concierto 2

El viernes anunciando el concierto

Imagen via Jenni Rivera/Twitter

Ella misma nos contó sus planes para el fin de semana.

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Desde la ventanilla del jet 3

Desde la ventanilla del jet

imagen vía Mario Macías/Twitter

Así se veía la pista de aterrizaje al llegar. En la noche seguramente no se veía nada.

Dentro del avión 4

Dentro del avión

Imagen vía Arturo Rivera/Twitter

Haciéndose chistes entre ellos. 

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Discos de oro y platino 5

Discos de oro y platino

Imagen via Arturo Rivera/Twitter

El mismo Arturo Rivera posteó esta foto en Instagram y Twitter antes de morir.

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Así la quería su equipo 6

Así la quería su equipo

Imagen vía Jacob Yebale/Twitter

El maquillador que también murió en el siniestro era uno de sus más fieles compañeros.

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Uno de los trajes 7

Uno de los trajes

Imagen vía Jacob Yebale/Twitter

¡Qué bella!

Su abogado 8

Su abogado

Imagen vía Mario Macías/Twitter

Su abogado, quien también iba en la nave, posteó esta foto del concierto, en el afamado vestido que fue encontrado con lo que quedó de la nave.

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Bañada de luz 9

Bañada de luz

Imagen vía Javier Poza/Instagram

Un escalofriante momento de silencio.

El escenario de la arena 10

El escenario de la arena

Imagen vía LiliEstefan/Twitter

Verdad que da escalofríos.

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El último texto 11

El último texto

Imagen vía José Manuel Figueroa/Twitter

Su intercambio con el hijo de Joan Sebastian.

Ya en el avión 12

Ya en el avión

Imagen vía Jacob Yebale/Twitter

Esta es la foto que ha dado la vuelta al mundo del grupo en el avión