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Un hispano pagó con su vida por un crimen que no comentió ¡Qué justicia tan injusta!

En el caso del asesinato de Wanda López hay claramente dos víctimas fatales. La primera, la pobre mujer madre soltera que murió apuñaleada en 1983 en Texas, la segunda Carlos de Luna, un joven que fue ejecutado, seis años después, por un crimen que no cometió.

¡Ni quiero pensar lo que deben estar sintiendo las familias de estos dos inocentes! En el caso de la gente de López, pues debe doler el saber que no se hizo realmente justicia. Y si yo fuera la mamá de De Luna, pues creo que ya me habrían metido presa.

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Desde el momento de su detención De Luna sostuvo su inocencia. Una exhaustiva investigación conducida por el profesor de la Universidad de Columbia James Liebmen, y publicadaen el Human Rights Law Review, demostró que estaba diciendo la verdad.

Justo por casos como estos es que estoy en contra de la pena de muerte. No es porque no haya quien se la merezca por haber cometido crímenes atroces. Es que me parece que el riesgo de matar a un inocente invalida cualquier ganancia, así sea un alivio emocional para las familias, que ofrezca el sistema.

López trabajaba en una gasolinera en la ciudad de Corpus Christi, cuando fue asaltada y asesinada. Testigos describieron a un hombre hispano saliendo del local. Momentos después, La policía encontró a De Luna debajo de una camioneta, y uno de los testigos confirmó su culpabilidad.

De Luna al principio no se quiso identificar porque sabía quién era el verdadero culpable, su tocayo Carlos Hernández, y tenía miedo de represalias. Al final identificó al asesino, pero sus afirmaciones fueron ignoradas. Como también fue ignorado el hecho de que la escena del crimen estuviese llena de sangre y la camisa blanca de De Luna no tuviese ni una gota. Ambos Carlos tenían antecedentes penales y habían pasado la noche juntos. Para colmo de males se parecían mucho.

Hernández, quien murió en prisión por otro crimen, vanagloriándose de haber burlado a la policía en el caso de López, fue pintado por la fiscalía como un fantasma, una invención. ¿Qué les parece?

En el fondo lo que más bronca me da es que si De Luna hubiese sido un hombre de recursos financieros, hubiera podido contratar a un buen abogado que refutara el testimonio de los testigos, pues no había otras pruebas en su contra. A veces la justicia no es solo ciega, si no que sorda también.

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Imagen vía Tim Pierce/ Flickr

 

 

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