Estados Unidos es el primo rico que nadie quiere invitar a una fiesta

Es una lástima que la recién concluída Cumbre de las Américas, celebrada en Cartagena, vaya a pasar a la historia no por las conclusiones que beneficien socioeconómicamente a la región, sino por los escándalos y metidas de pata que se suscitaron durante el evento. Hoy nadie habla de la conveniencia o no de que Colombia y Estados Unidos hayan reafirmado el Tratado de Libre Comercio (TLC) o que se haya pedido extender las sanciones Cuba. No, los titulares del mundo reseñan a Shakira, equivocándose al interpretar el Himno Nacional de su país, A Hillary Clinton, rumbeando, echándose una cervecita Águila  y bailando nada más y nada menos que Guantanamera, pero sobre todo,  enfatizan el escándalo de prostitución que involucra  a los agentes del Servicio Secreto estadounidense, de las tres cosas, ésta es la que veo más grave.

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Estados Unidos quedó en la Cumbre de las Américas, como el primo rico a quien no vemos con frecuencia. El que vive lejos, en el extranjero, lo que de alguna manera le otorga un halo de superioridad ante nuestros ojos. Resulta que el "primo gringo" acepta la invitación para asistir a los noventa años de la abuelita y, cuando llega es el único que se emborracha, da golpes a un mesero y nos abochorna ante los demás invitados. Quién sabe, a lo mejor es que el primo gringo no era tan perfecto como creíamos o le afectó el sol del trópico.

Ambas noticias, tanto de la de la Secretaria de Estado estadounidense, sacudiendo  el esqueleto y ablandando un poco su imagen de acartonada dama de hierro, como la de los sinvergüenzas del Servicio Secreto negociando con los placeres femeninos, han causado en mí sensaciones diferentes.

A Hillary la aplaudo. Después de todo hasta la excandidata presidencial necesita desestresarse un poco. Mucho más si el que la invitó a la pista de baile fue un excorista del inmortal Joe Arroyo. La Clinton, se dejó llevar por el calor nocturno y demostró que a pesar de su veteranía en lides políticas, su corazón sigue latiendo y no hay cuerpo que aguante una rumba latina. ¡Teníamos que ser los latinos quienes le sacaramos a la inquebrantable democráta su lado sandunguero!  Deberían invitarla a Cartagena más seguido.    

Ahora lo de los agentes libidinosos apunta hacia la bajeza. Primero pone de maniefesto la hipocresía de un grupo de expertos en seguridad que se supone que combaten cualquier plaga que afecta al mundo. ¿Acaso no son miembros activos de un escuadrón de oficiales y que deberían ser la encarnación de unos héroes de dibujos animados?

Si el Servicio Secreto fue capaz de empañar la cumbre de mandatarios americanos por un encuentro sexual  fortuito, en donde además uno de ellos no quiso cancelarle sus honorarios a una prostituta, es imaginable que los niveles de corrupción, de agendas paralelas y de bajezas a nivel del alto gobierno están a la orden del día.

Y eso, al igual que el hecho de que estos agentes fanfarrones, al mejor estilo Robocop, hayan prentendido abusar de unas mujeres latinas – independientemente de que sean prostitutas, eso es harina de otro saco- me indigna. Me exaspera el que con su actitud contribuyan a la indigna industria de la trata de blancas y me abisma el que no midieran las consecuencias de sus actos. Su disfrute le está pasando factura a la imagen de esta nación, que hoy luce ante el mundo como el primo rico que nadie quiere invitar a una fiesta. De paso, como los consejos que le dieron sus madrecitas, le deben haber entrado por un oído y le deben haber salido por otro, porque no creo que ninguno se haya acordado de que a "las damas ni con el pétalo de una rosa". Aquí les dejo a los agentes gringos  -para ver si lo aplican- un pensamiento de una gran latinoamericano, Benito Juárez: "el respeto al derecho ajeno es la paz".

Imagen via AFP/Getty Images