¿Qué te importa quién paga por mis anticonceptivos?

Que Rush Limbaugh sea incendiario con sus comentarios no es extraño, pero se le pasó la mano al haber llamado a la estudiante Sandra Fluke ,"prostituta" por haber declarado en el Congreso a favor del derecho a acceder a la anticoncepción. Al punto que hasta el presidente Barack Obama expresó su apoyo públicamente a la estudiante de la universidad de Georgetown.   

Después del intenso debate que se llevó a cabo en el Congreso, uno pensaría que que todos los miembros del Partido Republicano se subieron a una máquina del tiempo y creen ahora que están a principios dde la década de los 60. Quizá son todos esos programas de televisión anclados en el pasado, como Mad Men y Pan Am, que les tiene confundidos.

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Porque realmente,  qué rayos, truenos, centellas y demás les importa a los senadores y candidatos presidenciales quién paga por los métodos anticonceptivos. Después de todo fue el presidente republicano Richard Nixon, quien estableció que la planificación familiar era un tema de salud pública.

Hasta ahora el derecho de las mujeres de usar anticonceptivos se daba por sentado. Cuando surgían debates sobre temas sociales, se centraban alrededor del aborto o a los derechos homosexuales. Este año estamos de vuelta a los derechos reproductivos. ¿Qué cambió?  En el país, poco. Entre los republicanos, mucho.

El partido está severamente dividido. Por un lado están los moderados, cuyo interés principal es mantener la independencia del sector privado y los derechos individuales de los ciudadanos. Si vamos a buscar estereotipos, un republicano típico de éstos sería un empresario mediano o a gran escala. Por el otro lado, están los utraconservadores religiosos, principalmente cristianos, estos son los que se oponen con furia a cualquier cambio, que vaya contra las normas morales establecidas. Y en la tercera esquina están los ultraconservadores fiscales, que se sienten identificados con el llamado Tea Party, quieren los menores impuestos posibles y que se balancee el presupuesto del país. Este último grupo es el que sería feliz acabando con programas de subsidios a los pobres y demás programas gubernamentales.

Estos dos útimos grupos a menudo se intersectan y son los que en estos momentos están dominando el discurso de los republicanos. Como la competencia entre los precandidatos presidenciales ha sido tan intensa, y los miembros del congreso tienen tanta mala fama, los republicanos que aspiran a mantenerse en sus cargos o derrotar a  Barack Obama tienen que decirles a estos electores lo que quieren oír. Otros, que no quieren jugar ese juego ya han anunciado que no se postularán para las elecciones en noviembre.

En el caso del control de la natalidad, los políticos buscan seducir a los conservadores. El voto reciente, derrotado por cierto, buscaba sacar de la nueva ley de salud, el mandato de que todos los seguros médicos cubran el control de la natalidad. La enmienda fue colocada dentro de una ley de carreteras.  ¡En serio!  Yo creo que los republicanos sabían que sería imposible su aprobación, pero esperan ganar puntos por haberlo intentado.

Yo entiendo que si uno está metido en política y depende de los votos para tener un cargo, a veces hay que bailar al son de la música que toca el electorado. Lo que me sorprende es la falta de visión a mediano plazo que están exhibiendo. A consecuencia de toda esta retórica sobre la planifcación familiar, la popularidad de Obama va en ascenso. En apenas una semana su nivel de aprobación entre las mujeres aumentó en un 10% para colocarse en 56%. ¿A ti qué te parece. Estás de acuerdo con que esta estrategia es un arma de doble filo?

Imagen vía Flickr

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