¿Qué rayos les debe importar el control de natalidad a los políticos?

Hay tres conceptos baluartes de la cultura estadounidense: la individualidad, los derechos y la privacidad. Estos conceptos se los meten a nuestros niños hasta en la sopa. A mí de pequeña jamás se me habría ocurrido que tenía derechos, como individuo, a mi intimidad. Creo que si le hubiese dicho a mis padres que respetaran mi privacidad hubiese habido un cataclismo en mi familia.

Sin embargo, en pleno siglo XXI esta campaña electoral está amenazando con centrarse en un tema que toca justamente estos tres conceptos: el control de la natalidad. ¿Cómo es posible?

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Yo creo que las mujeres tenemos derecho a decidir en la privacidad de nuestras casas cómo y cuándo queremos tener hijos. Y hasta ahora las leyes estadounidenses han estado de acuerdo con nosotras.

Los periodistas y analistas están buscando explicaciones profundas y complicadas al tema, que si va a la lucha entre el federalismo y el derecho de los estados, que si es parte de la lucha por mantener los derechos religiosos, que si es un resurgimiento de la pugna entre las iglesias y el Estado, que existe desde la formación de este país.  Y puede ser que sea un poco de todo eso. Pero a mí me da la sensación de haber vivido algo parecido antes: durante las elecciones de 1998.

Entonces, el país pasaba por uno de los mejores períodos económicos de la historia, lo que en cualquier otra parte del mundo le habría dado una ventaja insuperable al partido gobernante, pero los hábiles republicanos llevaron el debate a lo que terminó siendo el talón de Aquiles de los demócratas, el adulterio del entonces presidente Bill Clinton. Y ya sabemos lo que pasó: Dos períodos de George Bush Jr.

Ahora, cuando hay señales de que la economía se está recuperando y los candidatos republicanos no logran mostrar mucha sustancia, se vuelve a aplicar la misma táctica. Los republicanos están moviendo el debate al tema moral, pero con un asunto que la mayoría de las mujeres pensábamos que estaba más que superado.

No me sorprende que un partido dominado por hombres blancos con pocas preocupaciones económicas use el tema del control de la natalidad para inflamar los corazones sensibles de su base ultra religiosa. Pero sí me llama la atención que se trate del mismo partido que se opone a la presencia del gobierno en la vida privada de la gente. Y no sé ustedes, pero a mi me parece que no hay nada más privado que lo que uno hace con su cuerpo en un momento de intimidad, cómo lo hace y con quién lo hace.

Las decisiones que cada quien toma con respecto a su sexualidad deben ser producto de una buena educación. No me refiero a las clases en la escuela o a las charlas incómodas con los padres. Me refiero a una buena educación moral, en la que aprendemos desde niños a respetar nuestro cuerpo, a cuidarnos y escogemos bien con quién lo compartimos. Y aprendemos a respetar a los otros. No me parece que sea el papel del gobierno o de la iglesia, la verdad, decirnos qué hacer. Después de cierta edad esto debe ser decisión de cada uno.

El control de la natalidad, con la consecuente planificación familiar, se considera además uno de los grandes logros en la salud pública del siglo XX. Menos embarazos, mejor planificados, han contribuido a aumentar la calidad de vida de millones, no sólo de mujeres, si no de los hombres y sus hijos. Estemos claros, la gente no va a dejar de tener sexo. Entonces, ¿no es mejor hacerlo responsablemente y sin consecuencias indeseadas de por vida?

Esta semana habrá otro debate republicano antes del llamado Super Martes, el 6 de marzo, en el que habrá primarias o caucuses en Alaska, Georgia, Idaho, Massachusetts, North Dakota, Ohio, Oklahoma, Tennessee, Vermont y Virginia. El debate va a tocar el tema del control de la natalidad. Yo me pregunto si alguno de esos dos asuntos realmente va solucionar los problemas del país y si los electores van a caer esta vez en la táctica. ¿Será que les va a funcionar otra vez?

Tu, ¿qué crees?

Imagen vía rafael viana de araujo/flickr

Topics: política