¿Votar o no votar? Ahí está el dilema

Desde que estudiaba en la primaria, me enseñaron que votar era un derecho y un deber cívico. Cuando tienes 8 años y oyes a tu maestro decir esa frase, te quedas pensando con qué se come eso y pasas a otro tema en la asignatura. Cuando tienes más de treinta y has vivido en un país democrático y en otro que no lo es del todo las cosas cambian. Entonces conoces en carne propia lo que significan las garantías sociales mínimas, empiezas a entender por qué es importante votar.

¿A qué viene esta reflexión a mediados de febrero? Pues que ayer se realizaron las elecciones primarias de la oposición venezolana, donde resultó ganador Henrique Capriles; es decir, por voto popular, los venezolanos, dentro y fuera de las fronteras nacionales, decidieron quién será el contendor del actual presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías.

 

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Por primera vez en doce años, pareciera que al fin los opositores entendieron que en la unión está la fuerza y que el primer paso para preservar la democracia en cualquier nación es salir a votar.

En horas de la mañana conversaba con una amiga que me dijo enfática y con el tono de quien tiene la verdad en las manos, que no iba a votar. “A Chávez no lo van a sacar con votos”. ¿Y entonces cómo va a salir o cómo se va a quedar? ¿A qué apuntamos con esa reflexión? ¿Qué invocamos?: un conflicto armado como el que se está viviendo en Siria, como el que se vivió en Egipto o como el mismo que protagonizó Hugo Chávez en 1992, cuando intentó deponer por la fuerza a Carlos Andrés Pérez, quien era el presidente venezolano en aquel entonces. No me parece.

Mi amiga, tratando de convercerme de sus sólidas razones para no votar, me decía que cuando ella fue a Washington para protestar en pro de la aprobación del Dream Act, “nadie salió ni siquiera a saludarnos. Ahí estaban los medios de comunicación y la gente que estaba protestando y nadie salió de la Casa Blanca a darnos la cara”.  Le dije, que el Dream Act necesita ser aprobado por el Congreso estadounidense, no por el presidente Barack Obama, quien de hecho ha manfiestado su intención de que las leyes migratorias sean reformuladas, pero como él mismo explicó en una reciente entrevista que le concedió a María Elena Salinas, está atado de manos porque las leyes están establecidas y hasta el propio presidente debe acatarlas.

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Te digo algo, yo sí o mejor dicho SÍ  -con mayúsculas- , voy a votar. Voté ayer e inclusive me llevé a mis dos hijos, uno de seis y otro casi de tres. Ellos quizás no entendían lo que significaba hacer una larga fila, en medio del gélido clima neoyorquino. “¿Para qué mami y papi nos traen a pasar frío?”, preguntó Gabriel, el mayor.  Como pudimos, les explicamos de qué se trataba. Quisimos hacerles entender que no en todos los países la gente puede comprar casas libremente, ni decir lo que piensa, que los periódicos están restringidos y que hay leyes que  le permiten a otras personas despojarte de tus propiedades.

-Es como si la mamá de un amiguito tuyo viniera a nuestra casa y se llevara todos tus juguetes, nada más y porque sí. ¿Te gustaría?

-¡No!, replicó mi hijo mayor con sus ojos abiertos como unas lunas.

-Pues eso es lo que se llama expropiación y es lo que pasa en Venezuela.

Ésa y muchas otras situaciones viven cotidianamente los venezolanos, quienes al parecer tendrán el próximo mes de octubre la capacidad de cambiar su destino político y decidir qué quieren. Lo harán por la vía democrática que es la más loable. Al igual que los estadounidenses lo harán en las próximas elecciones presidenciales.

Otro de los argumentos de mi amiga, era que los políticos solamente te escuchan cuando necesitan tu voto y después se olvidan de ti. A lo mejor es verdad, no sé qué opinas tú. Pero, se me ocurre que si es así, hasta en esas condiciones es importante continuar votando. Cuando un candidato –el que sea- gana por elección popular, la gente lo que le está diciendo es: ¨Confíamos en ti. Házlo bien¨. Si en las próximas elecciones, el mismo candidato o su partido pierden, el mensaje es : ¨¡Epa! No nos gustó lo que hiciste¨.  Y la gente lo hace a través del mecanismo más democrático posible: el voto.

Particularmente voy a votar en las próximas elecciones presidenciales venezolanas, porque el exilio geográfico, no significa que no me importe mi país. Voy a votar en las elecciones presidenciales estadounidenses, porque ahora este país es también mi patria, la de mis hijos y voy a votar hasta en las juntas educativas de mi pueblo. El voto es nuestra voz, nuestra fuerza política y si todos pensamos como mi amiga que no es importante hacerlo, la fuerza de nuestra voz común se irá perdiendo, iremos enmudeciendo y si hay un pueblo mudo, no podemos decir que los gobernantes son sordos ¿Qué crees tú?   

Imagen vía flickr/Cherleston The Digitel