Tristemente la historia de Josh Powell no es una película sino la vida real

La historia de Josh Powell  es el argumento perfecto para una película.  Es más, estoy segura de que sería una cinta sumamente exitosa a nivel de taquilla. Lo triste y lo duro es que no es una película sino una historia real, que ha dejado como saldo la muerte de un padre junto a sus dos hijos.

Josh Powell, saltó a la luz pública en el 2009, cuando su esposa Susan Cox desapareció y él se convirtió en uno de los sospechosos del crimen, aunque nunca fue enjuiciado. Eventualmente, el nombre de este hombre de 36 años aparecía en los medios de comunicación, sobre todo cuando su padre Steven Powell –con quien vivían Josh y sus hijos- fue procesado por pornografía infantil.

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El pasado miércoles, un juez determinó que Powell no podía retener la custodia de los pequeños Charles, de 7 años y Braden, de 5, porque en el disco duro de su computadora encontraron cierta información que ponía en tela de juicio la sanidad mental de Powell, quien inclusive concedió una entrevista a ABC, donde aseguraba que no tenía ni idea de por qué la jueza había tomado la determinación de solicitar que lo evaluaran psicosexulamente.

En una visita que los niños hicieron a su padre, ocurrió la tragedia. Justo cuando la trabajadora social, llegó a hacer la inspección de rutina a la casa de Powell, ubicada en el estado de Washington, él causó una explosión que acabó con su vida y la de los dos pequeños.

Aunque, más detalles escabrosos están saliendo a la luz, como que antes de causar la explosión, éste psicópata había herido a los niños con un hacha.

De acuerdo a los informes policiales, antes de la tragedia Josh Powell había enviado largos correos electrónicos a sus familiares y amigos, asegurando que él no podía vivir sin los pequeños Charles and Braden, a la vez que decía qué hacer con su dinero y hablaba de otros aspectos de su vida.

Historias como ésta, además de entristecerme y revolverme el estómago, me ponen a pensar sobre la efectividad del sistema judicial estadounidense. Todo parecía indicar que Josh Powell tenía severos trastornos mentales, pero demostrarlo o corrobarlo tomó el tiempo suficiente para que acabara con su propia vida y la de sus hijos.

En esta historia quienes me parten el alma, además de los niños asesinados, son sus abuelos maternos: Charles y Judith Cox, padres de la desaparecida Susan Cox ¿Te imaginas el desconsuelo de estos abuelos?, quienes además se cansaron de gritar a los cuatro vientos que el yerno no estaba bien y que los niños corrían peligro junto a él. Ni siquiera me atrevo a imaginarme cómo debe ser levantarse cada día y pasar cerca de la habitación donde dormían los niños, cómo se irán a sentir en los cumpleaños o en las navidades. Tan solo de pensarlo, se me parte el corazón y sé que a ti también.

Ahondar sobre esta terrible tragedia me parece morboso, pero creo que vale la pena rescatar la aparentemente tan trillada reflexión sobre lo importante que es estar sanos física, mental y espiritualmente para asumir la responsabilidad de criar un hijo.

Josh Powell y su tormento – por darle algún tipo de calificativo- arrastraron a dos niños inocentes y sanos, a quienes les faltaba mucho por correr, reír y disfrutar junto a sus abuelos.

Imágenes vía ABCnews