El fútbol es una excusa para desatar la violencia

Egipto fue de nuevo escenario de violencia hoy, con choques entre manifestantes y policías en protestas la muerte de al menos 73 muertos y más de mil heridos en un estado de fútbol.

Y a pocos días del Super Bowl me comencé a preguntar cómo es que ese tipo de violencia no existe entre la fanaticada de los deportes en Estados Unidos. No tuve que hurgar mucho para encontrar decenas de estudios y notas históricas que me revelaron que estoy equivocada y que me explicaron qué sucede en la mente de estos “hinchas”.

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Los enfrentamientos entre fanaticadas de equipos rivales data de los tiempos de Roma, cuando a menudo se producían entre los seguidores de equipos de competencias de carruajes. En esa época, dicen los historiadores, diferencias políticas y teológicas azuzaban la violencia. Igual que hoy en día.

Un episodio en particular me llamó la atención. En 532, la rivalidad entre los seguidores de los equipos de carruajes azules y verdes se lanzaron una pelea en Constantinopla que provocó 30.000 muertos, lo que se conoce hoy en día como los disturbios de Nika. Las primeras apariciones de violencia en el fútbol moderno fueron en 1863 en Inglaterra.

Como les anticipé, los hinchas del fútbol americano no se quedan atrás, en abril de 1896 hubo una tremenda trifulca entre los seguidores de la Universidad de Utah y los de Bringham Young University, en un partido que parece que era tan importante para los fanáticos como lo será el Superbowl del domingo. Y en 1972, hubo una especie de guerra en el campo en Oregon.

Sin embargo, es verdad que los fanáticos de los deportes en este país no muestran la pasión que los amantes del fútbol exhiben en otros países y los sociólogos explican que en muchos países las llamadas “barras bravas, hooligans o ultras” funcionan como acá lo hacen las “gangas” (pandillas). Y al igual que estos grupos, representan una subcultura juvenil de carácter urbano.

Aunque hay muchos tipos de “barras” en el mundo, hay elementos que se repiten como la exaltación de la fuerza, el nacionalismo, el sentido del honor relacionado con la capacidad de pelear y la necesidad de pertenecer a un grupo y ser reafirmado. En América Latina, en Africa y en el Medio Oriente, estos grupos crecen en las zonas de bajos recursos, tienen corrientes políticas y alimentan el consumo de alcohol y drogas.

En sus declaraciones, el asistente del director técnico del actual campeón de Egipto Al Ahli, el argentino Oscar Elizondo explicó lo que había pasado: “Fue una locura, el partido ya venía caliente desde la semana pasada…Hay un tinte político en este enfrentamiento. Hay mucho odio. Y lo más grave fue la actitud de la policía que no hizo nada”.

Ahí está otra diferencia. La policía estadounidense jamás permitiría que la violencia llegara a puntos extremos como sucedió en Egipto. Aparentemente, la barra de Al Ahli, conocida como los “Diablos rojos” tiene fama de ser super radical  y estuvo a la cabeza de las protestas contra el gobierno del año pasado, con los conocidos choques brutales con la policía. Aunque fueron los fanáticos del otro equipo los que empezaron el pleito. La policía decidió no defender a los Diablos y ya sabemos el resultado.

Por otra parte, los seguidores del fútbol americano no se obsesionan tanto con sus equipos, en gran parte, porque la temporada sólo dura algunos meses y hay muchos otros deportes que claman su atención.

En otras partes del mundo, el fútbol es más que una religión. Mi esposo, que es argentino lo explica así: La camiseta (del equipo de tus amores) es como las relaciones de sangre, es hasta la muerte. Uno cambia de profesión, de religión, de mujer,hasta de partido político, pero la camiseta NUNCA.

Eso me lo recordó hace poco cuando comenzó la Copa Libertadores. Porque siempre, entre partidos de fútbol americano, básquet, tenis, béisbol y hockey, siempre, siempre está el fútbol.

Imagen vía Getty Images